viernes, 22 de agosto de 2008

4 de Mayo de 2008 - Ao Nang (la experiencia del Monzón)



Una nueva excursión nos esperaba. Después de lo de la Isla de Bond, James Bond, que por cierto acabamos muertos de cansancio, algo nos decía que la excursión de hoy, la de las 4 Islas, sería mucho mejor...

A eso de las 9 de la mañana, nos vinieron a recoger al hotel. Esta vez no era una de esas furgonetas grises tan comunes en este tipo de excursiones. Lo que nos esperaba a la puerta del hotel era un camión pequeño donde la gente iba subiendo a la parte trasera que estaba adecuada con bancos de madera a lo largo del remolque. Eso si, con techo de lona, cubierto por si llueve, un gran adelanto...



El camión fue recogiendo a lo largo del recorrido a más gente por diferentes hoteles, y una vez lleno, nos dirigimos a la oficina de la agencia de viajes donde nos apeamos y nos toco esperar. Allí había un montón de gente, una locura. Todos estábamos esperando a que nos dijeran dónde teníamos que ir. En el mismo día la agencia de viajes organizaba varias excursiones:





  • Excursión a las Islas Phi Phi en Speed boat (fueraborda).


  • Excursión a las 4 Islas en Speed boat


  • Excursión a las 4 Islas en Longtail boat (la nuestra).


  • Excursión a las 5 Islas en Longtail boat.




Imaginaros la cantidad de gente que estábamos allí convocados...El nombre de la agencia de viajes que organizaba estas excursiones la recomiendan en la guia de LONELY PLANET. Su nombre es "Barracudas Tour"


Tras 10 minutos de larga espera (tuvimos que esperar a que fuesen llegando los demás excursionistas en sus respectivos camiones), por fin nos agruparon a todos los que íbamos a la excursión de las 4 Islas. Nos dieron unas pegatinas verdes con el logotipo y el nombre de la agencia de viajes y otra vez al camión. De ahí a coger las ya conocidas barcazas (longtail boats), las mismas que cogimos ayer en la excursión a la Isla de James Bond.

Esta vez nos esperaba una mucho más grande que la de ayer. Era de color azul, con cerca de 50 plazas repartidas en unos comodísimos asientos de madera tipo banco. Esta tenía un motor mucho más grande y ruidoso que la de ayer, de camión en este caso. Un escándalo para los oidos.


Todas las embarcaciones, tanto las lanchas fuera borda como las nuestras, estaban esperando en la orilla de la playa listas para recibir a los intrépidos viajeros rumbo a los más bellos destinos.

La mayoría de los que iban a bordo eran japoneses o de Bangkok. Tan sólo tres parejas eramos de fuera, nosotros como españoles, otra pareja británica y otra más de Italia.

No os imaginais el show de un grupito de jóvenes que luego supimos que eran de Bangkok. ¡¡-qué modelitos nos traían para la excursión!! Ellas iban divinas, con sus pamelas en la cabeza, con sus camisetas de diseño (una de ellas por tener, tenían alas en la espalda, no dibujadas, no, eran unas alas pequeñas como si las hubieran pegado sobre la camiseta , una horterada). Mira si eran ridículas, que la misma chica que llevaba la camiseta de las alas, de repente, se enfunda uno de esos buzos blancos tan famosos a raiz del desastre del Prestige...para no mancharse la ropa. ¡INCREIBLE!

Cuando aquella barcaza con aquel enorme motor de camión se puso en marcha, el ruido que produjo fue ensordecedor (teniendo en cuenta que nosotros estábamos en la parte trasera, cerca del motor...) No solo el ruido, a eso súmale el denso humo negruzco que producía, axfisiante. Empezamos bien.


Los dos jóvenes que manejaban la barcaza, de aspecto fino, delgado pero fibroso, eran capaces de mover y manejar aquel motor, que pesaba lo suyo, como si tal cosa, como quien vuela una cometa.

Una vez que dejamos la orilla de la playa, ya en mar abierto, nos mandaron ponernos el chaleco salvavidas, como una medida de seguridad, me imagino. Además era obligatorio su uso en las barcas.


La guia que iba con nosotros, una chica menuda, poquita cosa, intentaba explicar cosas referidas a la propia excursión, lo que íbamos a ver, pero existían dos motivos de peso para no enterarnos de nada:

  1. Lo primero es que lo que explicaba, la mayor parte de las veces lo decía en Thai, no en inglés.


  2. Lo segundo es que lo poco que decía en inglés quedaba eclipsado por el estruendo del motor.









Total, que la mejor opción era disfrutar de un paisaje hermoso, disfrutar del viaje y a esperar el primer destino.



Hablemos de la excursión. -el viaje iba a llevarnos a 4 islas, situadas entre la gran isla de Phuket y la costa oeste del Mar de Andamar, donde además de darnos algún que otro baño en sus aguas, haríamos snorkel, y eso era para mí lo mejor de todo, poder ver el fondo del mar con sus corales, peces de colores...



La primera de las 4 islas que visitamos fue "Poda Island" Allí hicimos la primera parada. Un montón de barcas como la nuestra y unas cuantas fuera bordas enormes, un montón de gente y con unas playas de postal, paradisiacas...aguas verdes, cristalinas. Nos dimos un pedazo de baño de escándalo. El agua estaba caliente no, lo siguiente, claro, así que Marta no tenía muchas ganas de salirse. nos acompañaba un día con un sol muy bueno. A lo largo de toda la orilla de la playa, había un montón de restos de corales y conchas muy bonitas, que por supuesto cogimos, claro. Ya se usarán para decorar alguno de nuestros baños...


Carteles de evacuación en caso de Tsunami en Poda Island



De allí nos fuimos a la segunda de las islas: Chicken Island. Su nombre, algo gracioso y curioso, se debe a una roca con forma de cabeza de pollo.



En esta isla tan peculiar, paramos a practicas Snorkel. Nos dieron la máscara y el tubo y todos al agua...bueno, todos los que les apeteciera hacerlo, claro.
















¡¡Una pasada!! Aunque el día se empezaba a nublar un poquito, la temperatura era maravillosa y la luz que entraba nos permitía ver con claridad el fondo marino.



Todo lleno de coral, con un montón de peces de preciosos colores, peces grandes, peces pequeños, peces solitarios, o nadando en grupo. Era muy divertido centrarse en un pez determinado y tratar de seguirle...al final te despistabas un poco y le perdías de vista.



El Snorkel es el paso previo al submarinismo, una actividad que te permite descubrir todo un mundo de gran belleza, poniendo un toque romántico a tu tiempo libre. Sólo hace falta saber nadar, un par de gafas y un tubo. TODO UN LUJO PARA TUS SENTIDOS.



Con la inmersión nos sentíamos libres, nos invadía una agradable sensación de ingravidez, de tranquilidad pero también de emoción. Experimentamos un cúmulo de sensaciones y creerme... ¡te engancha! Va a ser difícil olvidar esta experiencia enriquecedora. La visión dentro del agua es espectacular. ¿Te imaginas nadar al lado de un calamar? ¿Percibir nuevos colores cuando la luz de sol penetra a través del agua y acaricia el fondo del mar, las algas, los corales? ¿Descubrir una fauna diferente y mucho menos “inquieta” que la terrestre? ¿Nuevas plantas? Y todo en una calma total, sólo alterada por la respiración...pues eso fue lo que nosotros sentimos y descubrimos.



Después de la experiencia del snorkel, que recomiendo a todo el mundo, regresamos a la barca y emprendimos rumbo a la tercera de las islas...

TUP ISLAND...

En esta isla íbamos a parar a tomar el lunch que estaba incluido en el tour. Tup Island es una preciosa isla de fina y blanca arena, muy hermosa y paradisiaca, donde cuando la marea baja, aparece una franja ancha de arena que divide el mar en dos, creando, así, dos playas, una enfrente de la otra. De esa forma, las dos islas que se forman están conectadas por una lengua de fina arena.



Aquí estábamos todas las excursiones, o al menos la mayoría, porque la orilla estaba llena de barcas y de lanchas. No se cuantos turistas estaríamos allí en ese momento...lo que si se es que nada más darnos el lunch (arroz con pollo y verduras) nos bajamos todos de la barca y a comer...cada uno donde pudiera. A partir de aquí empezó nuestro peculiar INFIERNO.



Como por arte de magia, en cuestión de segundos, todo ocurrió muy rápido, lo que era un jornada placentera, donde lo cierto es que el sol estaba oculto entre alguna nube, pero sin más, a lo lejos se divisaba una especie de cortina, como si fuera una densa niebla, de un color sospechosamente grisáceo oscuro, que ocultaba todo lo que por aquella zona pudiese existir.



Lo que yo pensaba que era niebla resultó ser la tormenta de agua más extraña que jamás antes había visto. En segundos, aquella cortina de agua que se encontraba en la distancia, llegó a nosotros a tal velocidad que nos pilló a todos de sorpresa. Unos dentro del agua, otros dando un paseo por la orilla, otros, como era mi caso, degustando el manjar de arroz, pollo y verduras sentado en una roca. De repente, fui testigo, junto a los cientos de turistas que nos encontrábamos allí, de un fenómeno antes nunca visto. El cielo se abrió y nos regaló un regalo estelar en forma de gruesas gotas de agua, racheadas con un fuerte viento que hacía imposible permanecer en la orilla, puesto que todo lo que llevabas contigo se lo llevaba el viento.



Aquel fuerte aguacero, tormenta, diluvio o como queramos llamarlo, nos pilló a todos fuera de juego. Marta optó por meterse dentro del agua, pues allí se encontraba mucho más cálida (recordar la excelente temperatura del agua) Yo, en cambio, continué sentado en mi roca, intentando terminar mi plato de arroz, yo tenía hambre y no me iba a detener una tormenta, por muy exótica y tropical que sea, de mis intenciones culinarias. Sujetando con un pie la mochila, con una mano el recipiente de la comida y con la otra mano el tenedor, logré terminar mi objetivo, eso si, mojado hasta la médula y con frío, pues gracias al viento que acompañaba la lluvia, la sensación térmica había descendido.



La gente corría a refugiarse a sus barcas, y claro, esta gente ha de cumplir un horario en sus excursiones, y por mucha tormenta que aprecie no van a modificarlo, por lo que si nos dieron una hora para comer, una hora tuvimos que esperar mientras seguiamos "disfrutando" de aquella tormenta.



Haceros a la idea. Todos sentados en nuestros asientos de la barca viendo pasar el tiempo hasta que llegase el momento de salir de allí rumbo a Dios sabe donde...todos empapados de agua, utilizando las toallas o los chalecos salvavidas a modo de parapeto para cubrirnos y refugiarnos del azote del agua y el viento. El grupo de jóvenes de Bangkok, que en teoría deberían estar más acostumbrados a estas cosas eran los que pero lo estaban llevando. Eso de estar mojados y pasando frío no entraba dentro de los planes.



Por fin llegó la hora y abandonamos Tup Island. Aquel motor con aquel ruido infernal empezó a rugir...bendito sonido...Una a una, todas las embarcaciones fueron abandonando la isla rumbo cada una de ellas a su destino. El nuestro era la cuarta y última isla: PHRA NANG CAVE (THE PRINCESS BAY) una cueva donde dicen que se encuentra el espíritu de una princesa local muy respetada y venerada por la gente local...El viaje era largo.



Os juro que en mi vida he pasado más miedo que en este viaje rumbo a la última de las islas. Lo que aconteció en el trayecto fue infernal...fuimos testigos de una autentica tormenta, un inicio de monzón. Todos los que íbamos en la barca estábamos acojonados y con el miedo en el rostro. Imagínate la papeleta. Te encuentras en medio del mar, con una tormenta encima tuyo azotando de lo lindo (la foto es real).




No se veía nada de nada en 500 metros a la redonda. Íbamos a ciegas, o al menos eso creía. Ni una silueta de otras islas, ni un ruido de barcas cerca, nada de nada. Tan sólo el estruendo de los rayos cayendo al mar muy cerca nuestro provocando unas explosiones de infarto. el mar empezó a enfadarse y las olas comenzaron a agitarse de manera que la barca subía y bajaba en un baile nada agradable. Además la lluvia seguía azotando junto al viento fuerte, de manera que ni las toallas ni los chalecos salvavidas servían de mucho. Me giré a ver a los chicos que llevaban la barca y me dio pena en un principio. Iban sólo con el traje de baño, mojados hasta el último pelo de la cabeza, como un pajarillo mojado. Intentando divisar algo en el horizonte, alguna silueta, algún ruido en la lejanía, algo al fin y al cabo que le sirviera de referencia y seguir el rumbo correcto. Pero luego te pones a pensar y te das cuenta de que días como el de hoy estas ratas de mar habrán vivido más de uno y seguramente saben salir de una situación así.



El grupo de jóvenes de Bangkok iban todos de la mano, con un miedo en el cuerpo que no veas. Delante nuestro iba un señor mayor que era de Japón tiritando de frío y empapado de agua. La cara de aquel hombre era todo un poema. Marta se le ocurrió la genial idea de dejarle una toalla para que se la pusiese por encima y así calentarse un poco. Al principio no la quería, pero al final aceptó y se la puso por encima. Estuvo con ella 5- 6 segundos, porque al final se la devolvió a Marta como queriendo decir que no quería molestar. Pero aquellos 5-6 segundos que estuvo con la toalla, su cara le cambió por completo. Fue como cuando empiezas a entrar en calor que notas como va recorriendo todo tu cuerpo una sensación agradable y cálida...



Después de unos cuantos minutos eternos de navegar a ciegas prácticamente, sin ver nada de nada, y con las olas aún azotándonos junto con los rayos cayendo cerca, como un oasis en mitad del desierto, apareció la silueta de una roca, luego de otra, y otra más...y eso tranquilizó a más de uno, sobre todo a mí (seguro que a Marta también) Poco a poco, aquellas siluetas difuminadas en mitad de un mar bravío, fueron haciéndose reales, auténticas. De ese modo, el piloto de la barca, aunque estoy seguro que ya conocía el rumbo mucho antes de ver las rocas, pudo llevarnos hasta la última de las paradas. Seguía lloviendo a mares...



Phra Nang Cave y la Bahía de la Princesa (The Princess Bay)

Una cueva muy famosa, la casa del espíritu de una princesa respetada y benerada por los habitantes del lugar. Una península donde es un tanto difícil acceder en coche, pero un hermoso lugar para nadar en sus aguas, tomar el sol, sacar buenas fotos e incluso explorar...










Orilla de Phra Nang Beach




Interior de la cueva. Los elementos fálicos son en honor al espíritu de la princesa que según cuentan son colocados para que les otorgue fecundidad y fertilidad a la persona que los ofrece.



Al llegar a la orilla, seguía lloviendo de lo lindo. Las barcas se detuvieron a unos metros de la orilla, por lo que tuvimos que descender con ayuda de una escalera directamente al agua, que estaba caliente, para poder ir a la orilla. Claro, mucha gente al estar tan caliente el agua, no quería salir de allí...y si que es verdad que daba pereza salir. Pero teníamos que ver la cueva, de lo contrario ¿para qué hemos ido?



La cueva, como otras que hemos visto, alberga en su interior una especie de altar dedicado, en este caso a un espíritu femenino. La historia de la cueva es poco más que esta: Parece ser que alguien pidió allí, en la cueva, quedarse embarazada y como lo consiguio pues llevo un pene alli a modo de ofrenda...y de ese modo, con el paso de los años, cada vez más y más gente ha ido llevando allí esas ofrendas en forma de pene...es como el santuario del pene ( la historia es algo asi, es que no preste mucha atencion).



Después de la visita a la cueva, y todo eso sin dejar de llover, emprendimos rumbo a la orilla para dar por finalizado el viaje.



Hasta aquí todo normal. Cuando uno creía que lo peor ya había pasado (la visita del monzón) todavía nos esperaba una última sorpresa....



La cortina de agua que se estaba creando hacía casi imposible poder tener los ojos abiertos, pues era tal la mala leche que traía el agua de la lluvia que se te metía a los ojos con tanta fuerza que no podías apenas ver. pero yo confiaba en nuestra rata del mar, en el piloto de la nave, y estaba seguro que sabría salir de esta.



Por la mañana, cuando se inició el viaje, salimos todos desde una playa, coincidiendo que estaba en marea baja, se formó un canal por el cual se pudo pasar. ahora, al regresar a la misma orilla de la mañana para dar por terminado el tour, la marea había subido, y claro, no se distinguía dicho canal, sino que todo estaba al mismo nivel. Teniendo en cuenta el fuerte viento que soplaba, lo que estaba pasando era que estaba desplazando a la barca hacia otro lugar y no a donde supuestamente estaba el canal. A pesar del trabajo para impedirlo de nuestro marinero experto en monzones, llegado el momento, somos testigos de otro contratiempo: A pesar de los esfuerzos y del intento por salir de ese apuro, nuestra barca encalló en un banco de arena. Aquello no iba ni para atrás ni para adelante, estábamos atorados en medio del mar, otra vez un percance.



Nadie se movía, nadie pestañeaba. ¿Cómo se iba a mover ni tan siquiera unos milímetros la barca con todo el peso que llevaba dentro? Los tontos de los japoneses y tailandeses que iban allí sólo se preocupaban por no mojarse...Claro, yo miraba al pobre muchacho, el piloto, que había bajado al agua con su compañero y con todas sus fuerzas intentaba empujar la barca e intentar moverla...sin resultado, claro. Usemos la cabeza, coño, no será mejor bajarse y ayudar, además de quitar peso a la barca, entre todos podremos moverla, digo yo...Un japonés que estaba detrás de mí, su mirada y la mia coincidieron y sin más los dos entendimos lo que nos decíamos con la mirada, nos levantamos al tiempo y nos fuimos a ayudarles, a intentar empujar...Pues fue bajarnos al agua y bajarse el resto de hombres...Las mujeres todas sentadas, bueno todas no, Marta bajó también, porque cuando estuve llamándola para que inmortalizara el momento con una foto, vi su cabeza al otro lado de la barca.



Es curioso, porque no entendía nada de lo que allí se hablaba, pero supe entender que lo que trataba de decir el chico era que había que mover la barca hacia la izquierda, sacarla del banco de arena, y poder enfilar camino a la playa...Lo logramos, al final entre todos, uniendo las fuerzas, y no esperando sentados un milagro, lo logramos y pudimos llegar a la playa, eso sí todos chorreando agua y con las manos y pies arrugados como pasas de tanto agua. A pesar de todo, seguía lloviendo, no había parado desde que empezó la tormenta ni un solo momento.



Total, que al llegar a la playa todos aplaudimos. Fue algo que salió sin más, como dándonos las gracias los unos a los otros por todo...Creo que alguien beso la arena de la playa al bajar, que cosas. En mi vida me había caido tanta agua encima como este día. Por mucho que os lo pueda contar, no es ni la mitad de lo que nosotros sufrimos en nuestras carnes, mojadas, eso si.



Total, que sin parar de llover, regresamos al hotel (gracias a Dios) y como al día siguiente poniamos rumbo a Bangkok y no habíamos podido disfrutar de la piscina del hotel, por si no habíamos tenido suficiente agua, nos metimos en la piscina a darnos un baño, eso si sin dejar de llover. Claro, el agua de la piscina estaba caliente que era un placer. Sin decirnos nada el uno al otro, Marta se fue nadando a un extremo de la piscina y yo al otro y allí estuvimos un buen rato. Al salir de la piscina confesamos que nos fuimos alli para hacer una cochinada que no se debe hacer en una piscina. hacer un pipí.



Nos dimos una ducha de agua caliente de esas que resucita a un muerto, nos pusimos ropa seca y nos fuimos al centro a cenar algo. Pero claro, seguía lloviendo y no teniamos un paraguas. pero ahora comprendereis el significado de la filosofía thailandesa. Hablando con el hombre de recepción, le dijimos que íbamos al centro a cenar algo y prontito a dormir. el hombre se levantó de la mesa, se dirigió a un rinconcito y nos trajo un paraguas. ¿Qué amable! pensé. Pero no termina aquí la cosa. Él estaba solo en el hotel, a esas horas estaba trabajando solo él. pues ni corto ni perezoso, nos invitó a subir al coche y con cara de alucinados nos miramos y aceptamos. Nos acercó al centro, nos dejó el paraguas y nos dijo que por favor llamaramos para que fuese a recogernos después de cenar. Ahora reflexionemos: ¿os imaginais a un españolito que haga lo mismo a unos turistas? Ni en pintura. Pues el hombre dejó por unos minutos el hotel, y nos acerc´´o amablemente al centro.



Fin de la historia. Y poco más, cenamos algo rápido y a dormir. El asunto del monzón nos dejó para poco más...Por cierto, la foto del inicio es el resultado de luchar contra el monzón...



miércoles, 6 de agosto de 2008

Fotos de The James Bond Island Tour

La Reina de los Mares


Los Manglares




Navegando...


El Capitán del barco




Long-tail boats

Vista del pueblo flotante (Los gitanos del mar que llaman...)



James Bond Island



Está claro, ¿no?


domingo, 13 de julio de 2008

3 de mayo: Ao Nang - Krabi



Hoy nos hemos levantado sin poner el despertador. Nos apetecía despertarnos sin prisas, dejándo que el cuerpo se despertase cuando le la gana.

Teniendo en cuenta que aquí amanece a las 6 de la mañana, la luz entre pronto por la ventana de la habitación y si a todo esto la añadimos que pegado a nosotros estaba la obra del hotel, y que a las 7 de la mañana empiezan la faena, ya os imaginais, ya os haceis una ligera idea de lo que pudo pasar. La cosa es que a los 8.30 de la mañana estábamos danzando. Una pena.

La idea que teníamos para ese día era pasear y conocer un poco más con la luz del día la zona e ir a la playa. De paso, contrataríamos la excursión para mañana.


Tomamos como referencia dos agencias que organizan excursiones (o tours, como dicen ellos) que recomienda la guia de viajes de Lonely Planet, así que allá nos fuimos.


Pedimos información para las excursiones y nos llevamos un montón de información con los precios de cada una de ellas.


Ya de paso, y puesto que estábamos allí y era pronto, preguntamos si había alguna excursión para hoy. La chica, muy majetona, llamó por teléfono a no se quien, y nos dijo que a las 11.30 de la mañana empezaba el tour a la Isla de James Bond, famosa porque allí se grabó la película de "El hombre de las pistolas de oro" (The man with the golden gun). Sin pensarlo, la contratamos...


Nos fuimos al hotel porque nos iban a recoger allí. La excursión costó 1800 baths (menos de 20 euros por persona).


Nos recogieron en una furgoneta tipo mini-bus con capacidad para 9 personas. En ella íbamos 6 personas (3 parejas jóvenes), nosotros de España, otra pareja de Eslovenia y otra más de Inglaterra. Idioma común: inglés.


He de indicar antes de nada, la maravillosamente mal que conducen los tailandeses. Aquí conducen por la izquierda, pero ese no es el motivo de mi crítica. Lo peor de todo es que no hay, aparentemente, normas de circulación, y si existen, se las saltan a la torera. Por otro lado, existe policía, es cierto porque se les ve, pero son muy pocos. No es como en España que por las autovías circulan coches patrulla, o la pareja de motoristas. Es precisamente esa "ausencia" de policía por lo que hacen lo que hacen. A modo de ejemplo y para que sepáis de lo que hablo, aquí os pongo algun ejemplo de los que yo fui testigo. Empieza el viaje:

  • Los motoristas van sin casco (ni tan siquiera lo llevan en el codo como hacen los descerebrados)
  • Además de no llevar casco, algunos de los motoristas, emplean una mano para conducir y la otra para hablar con el móvil o, en días de lluvia, llevar el paraguas para no mojarse.
  • Hasta que no he llegado a Tailandia, no he descubierto la verdadera capacidad de un ciclomotor. Lo normal es el conductor y a lo sumo otro más que viaja de "paquete". Eso es lo normal, en teoría. Pero la práctica es distinta. Aquí viaja la familia al completo y varía en número (entre 3-4 miembros) en un mismo ciclomotor. Si no lo entendeis, mirad estas fotos:

Aquí el padre conduce, la madre va detrás y el hijo o hija delante del padre.



En esta ocasión, tres amigas comparten medio de transporte (ninguna lleva el casco)


Aquí se ve la familia al completo el padre, la madre y sus dos hijos.


  • Los semáforos son un mero adorno situado en la mayoría de las calles. Si un semáforo está rojo para los coches, se lo saltan directamente, que es mejor que parar. -es tontería esperar a que se ponga verde..
  • Si el semáforo está verde para los peatones, sálvese quien pueda. Aquí no os confieis. Ellos, por el punto anterior, no van a parar. Si quieres pasar, ten mucho cuidado, mira bien porque ellos no van a parar. Y si paran, vas a ver como tu estás cruzando por el paso de peatones, y justo a tu espalda empiezan a pasar coches (a veces incluso son tan osados que pasan por delante tuyo cuando estás cruzando.

En fin, que me enrollo un poco y pierdo el hilo del tema. Estábamos en la excursión de la Isla de James Bond. Resumiendo, nos recogieron en el hotel una furgoneta gris, la típica furgoneta que hay en todas partes que llevan a los turistas de excursión. Tras dos horas de viaje (si, si, dos horas) llegamos, por fin, al punto de partida...


Lo primero que fuimos a ver fue The Monkey Cave Temple (Wat Suwankuha), una gran cueva que albergaba en su interior un templo muy bonito, con un buda reclinado interesante. Debe de tener unos cinco metros de alto y es bastante ancha. En la parte derecha hay una estatua de Buda reclinada, eso si, mucho mas pequena que la que hay en el Wat Po de Bangkok. En la parte izquierda hay diferentes figuras de Buda. Subo unas escaleras y hay un altar donde se pueden realizar ofrendas. En la parte mas profunda y oscura de la cueva puedes ver como revolotean murcielagos. Al mirar hacia arriba, veo como cientos de ellos reposan boca abajo. Hago algunas fotos pero aqui la cueva es mas alta y oscura. Cuando salimos del templo aun nos da tiempo para hacer alguna foto graciosa de los monos. Hay algunos relamiendo pieles de platano que algún turista les debe de haber dado. Otro, se ha hecho con una bolsa de patatas fritas y se esta dando un festin sobre la rama de un arbol.Fuera de la cueva infinidad de monos que danzaban a sus anchas por todo el recinto y donde los turistas y los nativos les agasajaban con chucherías del tipo fruta(plátanos sobre todo)Marta se emocionó con los monitos y se sacó un montón de fotos, como veis...También vimos un perro con sarna (o similar) que nos dio mucha penita (prefiero no poner la foto, es un poco desagradable). Como ya se sabe, la religión budista no es partidaria del maltrato animal ni mucho menos por el sacrificio de los animales. Por esa razón no se veían más que perros por doquier...y en concreto el que vimos con sarna es un claro ejemplo de esto que cuento. Prefieren que sea la propia naturaleza que haga su labor antes que sacrificar a un perro que sufre...Ellos sabrán.


ENTRADA A LA CUEVA DEL TEMPLO DE LOS MONOS

Lo siguiente que vimos fue Limestone cave (Tam Lod) Kao Majoo. Aquí fue donde tuvimoa la primera experiencia con el monzón.
Justo antes de meternos en la cueva, de golpe y porrazo, de repente, sin avisar, se abrió el cielo y descargó una lluvia torrencial acompañada de vientos racheados que jamás habíamos visto antes. en segundos estábamos literalmente empapados. Eran unas gotas enormes que nos golpeaban con fuerza. Eso si, la temperatura era agradable, hacía mucho calor. Lo más gracioso de todo esto fue ver a nuestro piloto de la embarcación levantar con unas cuerdas, unos plásticos a modo de ventana para impedir que entrara el agua. Lógicamente nos refugiamos todos en la Limestone cave. Y cuando digo todos era todos (había allí dentro un montón de embarcaciones)

Se me olvidaba decir que la Limestone cave es una cueva en medio del mar, como si fuera un tunel de roca con una entrada y una salida, lo suficientemente grande en altura y longitud como para albergar a un montón de embarcaciones dada la situación monzónica.

Para que os deis cuenta de que el tailandés es un gran comerciante, os diré que dentro de la cueva en la que nos refugiamos, había un señor en una de esas barcazas vendiendo cocos jóvenes a los cuales les daba un golpe certero de machete lo justo para abrirlo e introducir un par de pajitas y así poder vever el jugo del interior.

Claro estaba que un servidor tenía que probarlo, por lo que nos compramos uno por el módico precio de 20 baths (0,40 euros) A Marta no le gustó mucho, pues ella se esperaba el sabor más a coco que a "verde" que es como realmente sabía. No olvidemos que era un coco joven, no un coco como te venden en el Carrefour.


Una vez que pasó el golpe de agua, llegamos por fin a la Isla de James Bond (Kao Tapoo). Lleno de gente, de turistas hasta el último de los rincones de la dichosa isla. La isla es bonita. Tiene algunas grutas donde es difícil pasar y una playita de arena fina. A unos diez metros de la orilla, el famoso islote que aparece en la película.
En la misma playa un montón de puestecillos de esos que te venden recuerdos un poco horteras pero que mucha gente pica y los compra el doble de caros que en otros lugares. Como dije, aquí se grabó la película "El hombre de las pistolas de oro". Aquí unas cuantas fotos típicas de la isla, un paseo por allí descubriendo algún rincón que mereciese la pena y a seguir.
Volvimos a la barca con rumbo a Koh Panyee, el pueblo flotante. en realidad es una villa de pescadores que están allí afincados en unas cabañas, chozas o como se quiera llamar que están literalmente clavadas en el agua, posadas sobre pilares de madera (el agua pasa por debajo) A sus habitantes se les conoce como los gitanos del mar, aunque a mi, después de darnos un paseo por el poblado, más que gitanos me parecieron musulmanes (lo digo porque no paraba de sonar por unos altavoces unos rezos, o al menos eso creo, similar a los que se pueden oír en cualquier mezquita en Marruecos)

En la excursión no estaba incluida la comida, pero nos pararon allí. Allí había varios restaurantes, que supuestamente están especializados en pescados. La verdad es que nada de lo que vimos nos agradó, por no hablar que los precios eran mucho más caros que en Ao-Nang. Conclusión, un helado y un paseo por el mercado y los puestos del pueblo. Una mezcla de olores muy fuertes lo invadían todo. La mayoría de las veces eran muy desagradables para nosotros, al menos no estábamos acostumbrados a ellos. Un mercado que estaba en dos calles donde vendían artículos de artesanía y comida. Aquí el olor era especialmente fuerte como digo. Hay todo tipo de pequeños bichos en bolsas de plástico cerradas herméticamente, pero no me atreví a comprar nada.
Volvemos con la canoa al punto de partida y nos vuelve a esperar la furgoneta, que nos lleva de vuelta al hotel. Otras dos horas hasta llegar. Nos despedimos de las otras dos parejas y cada mochuelo a su olivo. Una vez en "casa" fuimos a contratar la excursión para hacer mañana. Queríamos las Islas Phi-Phi, pero nos dijo la chica que estaba todo completo, mala suerte. Así que, nos decidimos por la excursión de las islas(Tup Island, Chicken Island, Poda Island y Phra Nang Cave-the Princess Bay). Todo por 450 baths por persona (9 euros) y esta vez con el lunch incluido.
Ya era hora de cenar y nuestro cuerpo y nuestro paladar nos pedía comida conocida. Por lo tanto cometimos un pecado leve al ir a un Burger King. ¡¡Dios, estar en Tailandia y entrar en un sitio de comida basura...!! Esto es imperdonable, pero lo necesitábamos, al menos hoy.
Tras la cena, un pequeño paseo por las calles llenas de tiendas y a dormir que mañana madrugamos...

sábado, 12 de julio de 2008

2 de mayo 2008: Rumbo a Krabi

6.00 de la mañana
¡¡Tararí...tararí!! Suena el despertador
Corre que te corre, terminar las maletas y volando hacia el taxi que nos esperaba. Como ayer tarde pagamos el alojamiento, hoy sólo era dejar las llaves al guarda de noche y punto. Lo malo es que estabo más dormido que una marmota. Estaba frito en su diván. Total que el tio no se despertaba ni en bromas, nos costó un poco que abriera los ojos, y cuando lo hizo era tal la cara de zombi que tenía que yo creo que no se enteró muy bien de lo que pasaba allí. Al final dejamos las llaves y puerta.
Allí estaba esperandonos el taxista. Dio su palabra y cumplió. He de reconocer que yo tenía mis dudas de que se presentara allí a esas horas, pero parece ser que en Tailandia son de palabra.
En fin, llegamos al aeropuerto de Chiang Mai y allí desayunamos un cafecito con unas galletas que nosotros llevábamos. Desde Chiang Mai en avión hasta Bangkok, y allí en el aeropuerto de Bangkok nos toca esperar 7 horas, largas e interminables, para poder tomar el avión con rumbo a Krabi. Una larga espera...
En Krabi nos esperaba un hombre con un cartel muy mono con el nombre de "Marta Montes", ya que la reserva estaba a su nombre. Nos subimos a un pedazo de coche marca Nissan, que no existe en España, y nos fuimos rumbo a Ao Nang, donde nos esperaba el hotel, el Tropical Herbal Spa & Resort.
Al llegar, una señora con vestimenta musulmana nos recibió con un par de toallitas húmedas y con aroma, dos zumos de frutas muy rico (tipo cóctel de bienvenida) y nos comentó que por estar de Luna de Miel, nos esperaba una sorpresita en la habitación: una cesta con fruta y un baño con flores en la pedazo de bañera de la habitación (muereté de envidia contemplando la foto)




La habitación una pasada. Con TV y todo, jeje. Hasta ahora sin TV, pero para la programación que había ahora, no hubiera pasado nada si no la tenemos. Nuestra habitación era una Gran Villa, para entendernos, una pedazo cabaña de teca, con un porche maravilloso donde podíamos sentarnos y tumbarnos en un diván, con una pedazo de cama tamaño XXL con mosquitera y todo, con un baño abierto, sin techo, dando una toque exótico al lugar, rodeados de vegetación, vamos una pasada. Echad un vistazo a las fotos del sitio...

En fin, después de darnos ese pedazo de baño en esa pedazo de bañera tamaño piscina olímpica, bajamos al centro a cenar algo. Cenamos unas pizzas y algo de comida thai, dimos un paseo por las calles y a la cama.

Al estar en plena selva practicamente, al llegar la noche se encienden todos los ruidos de un montón de bichejos, grillos, cigarras...y un montón más que no acertábamos a identificar. Bueno, uno de esos ruidos fuimos capaces de identificar: era la obra de un hotel que estaban haciendo justo pegado al nuestro, y que aquí, y eso lo descubrimos días después, trabajan en la construcción de 7 de la mañana a 10 de la noche, tanto hombres como mujeres.
Pero a pesar de todo, fue caer en la cama, cerrar los ojitos y mecerse en brazos de Morfeo...Dulces sueños

domingo, 6 de julio de 2008

1 de mayo 2008 (día 5º) Chiang Mai: 2ª parte

Tras el mercado, llegamos a la granja de orquideas. Según Benito, el guia, existen en todo el mundo unas 25000 clases distintas, aproximadamente. En Tailandia hay unas 1000 clases distintas de orquideas y en concreto en la granja donde estábamos había unas 100 diferentes.

Son hierbas terrestres o epífitas, ocasionalmente trepadoras, algunas veces saprófitas (es decir, plantas y microorganismos que se alimentan de materias orgánicas en descomposición) y ocasionalmente micoparásitas. Perennes (raramente anuales), se dice que las orquídeas pueden llegar a ser eternas, en la naturaleza, su vida está ligada a la vida del árbol que las alberga; se conocen plantas recolectadas a mediados del siglo pasado que todavía están creciendo y floreciendo saludables en muchas colecciones. No crecen más de 50 cm. Digo que su vida va ligada a la vida del árbol, porque se abraza a él, sin que se convierta en parásito, sino todo lo contrario, compartiendo la vida en conjunto, respetándose el uno al otro. Como dato, una orquidea tarda entre 2-3 años en dar la primera flor.


Allí había orquideas de todos los tamaños. Incluso unas que eran diminutas, muy enanas que no las habíamos visto nunca y que crecían en una especie de racimo todaas juntas. Las había rojas, naranjas, blancas, moradas, en fin, todas muy bonitas.


A la hora de comer, lo hicimos allí mismo, en la granja de orquideas, en un restaurante que había. La comida estaba incluida en el precio del tour, y como tal estaba encargada ya. Este fue el menú:
  • Dos trozos de tortilla de patata (increible, pero cierto. Ir a Tailandia a comer tortilla de patata...)

  • Un plato de patatas fritas


  • Otro plato de patatas tailandesas que eran un poco dulces, pero estaban muy ricas.
  • Arroz, como no. Muy bueno.

  • Costilla frita.


  • Muslos de pollo fritos crujientes.


Todo muy rico. Sin olvidarnos del agua y por supuesto de la cerveza tailandesa, que a estas alturas del viaje ya nos llevábamos muy bien.


Tras la comida, nos fuimos a ver a las tribus del norte de Chiang Mai. Cuando llegamos hacía un calor bárbaro. Estábamos en una especie de valle rodeado de montes y el calor allí se acentuaba. Lo que vimos al llegar allí fue un grupo de cabañas de madera de teca (La madera de teca, procede de la especie Tectona Grandis, que crece en Birmania, Tailandia, India, Indochina y Java, procede de un arbol que puede alcanzar una altura de hasta 40 m. y 1.5 m. de diámetro. Es muy apreciada debido a que es fácil de trabajar, secar, preservar y por su durabilidad.
Muy aconsejable para los muebles de exterior ya que es resistente a las termitas, los hongos y los insectos, además de ser casi insensible a la humedad. La teca no requiere pintura ni barniz debido a que posee un aceite natural que la hace impermeable, evitando que se deforme, agriete, o se torne quebradiza.)
Junto a la mayoría de las cabañas, había un puesto con cosillas para vender al turista que iba a verlo. La mayoría de las cosas que allí se vendían eran hechas por las tribus para sacar un dinero para ellos.


En todo el recinto había, si no recuerdo mal, 4 tribus diferentes, incluyendo a las mujeres jirafas. En cuanto a las mujeres jirafa, proceden de Birmania (la actual Myanmar) y llegaron a Tailandia como refugiadas, porque en su país una autentica dictadura, no dio ninguna ayuda a esta tribu cuando las mujeres fueron violadas y destrozadas vivas por militares o civiles. He de decir, y eso lo vi, que las mujeres jirafa son de una belleza espectacular, preciosas, y que los aros que llevan al cuello pesan una barbaridad, lo pude comprobar.Desde los cinco añitos, a las mujeres se les empieza colocando los aros y este proceso dura toda la vida. Los hombres de la tribu no llevan los aros, sólo las mujeres. Estos aros que se colocan en el cuello y que según pasan los años se hacen más grandes y por consiguiente más pesados, no consiguen alargar el cuello (eso es el efecto visual que produce) Lo que realmente hace es, en realidad, conseguir que con el peso de los aros los hombros se bajen, ceden por el peso, consiguiendo así ese efecto que hace que el cuello ha crecido. Allí están aprendiendo el idioma tailandés (no olvidemos que vienen de Myanmar). Es más, tienen su propia escuela, y yo no pude evitar entrar en ella y sacar la foto de turno, que momentazo...


Todas las tribus que allí viven son autosuficientes en cuanto a comida se refiere. Tienen plantaciones de arroz, pequeñas charcas donde pescar peces, cerdos, cultivos de verduras, frutales, agua, en definitiva, lo justo y necesario para subsistir. Si a esto sumamos lo que dejan allí los turistas al comprar las artesanías, junto con las subvenciones que el gobierno de Tailandia les ofrece, está claro que son capaces de mantenerse.


En todas las tribus, el hombre era el que salía fuera a trabajar, las mujeres se quedaban en casa. En el caso concreto de las mujeres jirafa, siempre han dicho y mantienen que si alguna vez desaparece la dictadura en su país de origen (Myanmar) y es gobernado por alguien que les preste ayuda y proteja, dejarían Tailandia para regresar a su tierra de origen. Pero según mi opinión, eso es algo difícil de que suceda.

De allí nos fuimos de vuelta a Chiang Mai. En principio la excursión terminaba con la visita de las tribus, pero el bueno de Benito (el guia) nos acercó hasta el centro comercial más grande de la zona (realmente impresionante) lleno de tiendas originales, nada de imitaciones. Dimos una vuelta por el centro comercial porque no teníamos muchos baths para gastar y además los euros que teníamos estaban en el hotel. Desde allí cogimos nuestro primer tuk-tuk por 60 baths (algo más de 1 euro). Fue una experiencia interesante, el aire caliente era irrespireble, mezclado con los gases de los coches directamente en la cara. Nos gustó el viajecito. Es una forma muy curiosa y económica de moverse por la ciudad, aunque creo que en Bangkok es aún más "interesante", lo probaremos. Nos dimos una merecida ducha en la guesthouse y fuimos a mandar correos por internet a la familia para dar señales de vida. Tras esto, una visita al mercado nocturno una vez más, un masajillo en los pies (arggggggg!!!!) y a cenar cerca del hotel en un restaurante italiano, que ya se echaba de menos la comida conocida para el paladar. Al empezar a cenar, vimos justo enfrente del restaurante un spa con uno precios más que razonables. Así que nos animamos y después de cenar unas riquísimas pizzas hechas al horno de piedra al momento, fuimos a recibir otro masaje que para eso estamos de Luna de Miel, ¿no?. Esta vez iba a ser uno de esos completitos con aceites...

Entramos en el spa, nos mandan sentarnos y aparece una chica con un barreño con agua y trocitos de lima dentro. Al rato sale un chico con lo mismo. Nos lavan los pies con ese agua fresquita, frotándonos con loas rodajas de lima por el pie. Tras eso, nos mandan pasar a una habitación donde nos dan unas braguitas de esas de usar y tirar a cada uno, nos mandan desnudarnos por completo y ponernos las braguitas que nos han dado. Nos miramos y empezamos a reir...¡que vergüenza! Mira que si no hemos metido en un spa de esos donde el tipo de masaje que te dan es un tanto diferente, digamos más "completito"??

Total, de perdidos al río, que narices. Aquí no nos conoce nadie, no? Pues adelante. Nos ponemos las braguitas y al cabo entra el chico con una bandeja donde tiene 5 tipos de aceites distintos con 5 aromas diferentes para elegir aquel con el que nos iban a masajear. Una vez elegido el aroma del aceite, entra el chico y la chica. No he dicho que en la habitación había dos camas separadas por un cortina. Nos tumbamos en las camas, cierran la cortina, la chica va con Marta y conmigo se queda el chico. Empieza el show. Voy a tratar de resumir la experiencia, y Marta y yo estamos de acuerdo en la descripción del momento

....como diría Homer Simpson "¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrgggggggggggggg!!!!

¡QUÉ MARAVILLA! ¡QUÉ PLACER! ¡QUÉ GOZADA!

Salimos de allí idiotizados. Fue una hora de super masaje con aceite. ¡Qué pena haber decubierto el sitio el último día en chiang Mai!

Al salir de la habitación, nos sentamos en el hall de la entrada del spa, nos dieron un vaso de agua fresca que nos supo a gloria y a pagar. Fueron 500 baths por los dos (unos 10 euros) Les dejamos 100 baths de propina y la que se lio en un momento. De repente, todos los empleados se pusieron alrededor nuestro de rodillas con reverencias, agradeciendonos la propina. Menuda vergüenza. Marta se puso roja como un tomate.

Tras la experiencia divina, tántrico diría yo, a dormir que a las 6.30 de la mañana habíamos quedado con eltaxista para que nos lleve al aerpuerto.

Fue la peor noche de todas...a eso de las 2.30 de la mañana, unos güiris que llegaron de juerga, se dedicaron a montar un jaleo de no te menees justo en el balcón junto a nuestra habitación....

Aquí termina nuestra estancia en Chiang Mai. Que pena...El viaje continuará esta vez rumbo al sur.

Siguiente destino KRABI

miércoles, 25 de junio de 2008

Fotos del mercado....

Hoja de platanero rellenas(arroz, carne...) a la plancha

Ranas (sobran comentarios)

Pescado secado al sol listo para comer





La Reina de las frutas según los tailandeses: os presento al Jackfruit



Setas y hongos







No son nécoras, son escarabajos del arroz fritos.









Unos riquísimos snacks de insectos fritos...















domingo, 15 de junio de 2008

1 de mayo 2008 (día 5º) Chiang Mai: 1ª PARTE

Comienza la aventura en compañía de Benito, nuestro guía tailandés que habla español, todo un lujazo.

La mañana amaneció lluviosa, pero eso no nos hizo perder las ganas de pasar un buen día.

Con Benito, apodado por otros turistas españoles que le han conocido como "Pocholo" o "Cabra Loca", habíamos quedado en la puerta de la guesthouse a las 7.15 de la mañana, y allí estaba puntual con el chubasquero puesto y otro dos más para nosotros.

Nos esperaba una pedazo furgoneta Toyota de 11 plazas enterita para nosotros, con aire acondicionado, muy espaciosa, con agua a nuestra disposición y con unas toallitas frías y húmedas con olor a colonia fresca que usaríamos durante el día varias veces y nos servirían para soportar mejor los calores y los sudores.

Tardamos algo más de una hora en llegar al campamento de elefantes, nuestro primer destino.


Una pasada de sitio. Varias excursiones había allí, sobre todo franceses.


El show empezaba con todos los elefantes metidos en el río dándose un chapuzón, mojándose, echando agua por la trompa.

De ahí íbamos todos a unos bancos para sentarnos y disfrutar del show. Mientras uno hacía sonar una campana con la trompa, otro izaba una bandera de Tailandia, al tiempo que otros dos portaban un cartel en inglés y en thai dándonos la bienvenida al campo de elefantes.

Jugaban al fútbol, no veas cómo meten goles, al baloncesto, vamos ni Pau Gasol. Arrastraban troncos, se liaban una cadena de hierro alrededor del cuello con la ayuda de la trompa. Pero lo más alucinante vino al final. Tres elefantes con la trompa, pintaron un cuadro cada uno en vivo y directo. Pero no veas que cuadros, ya quisiera yo hacerlo tan bien como ellos. Es más, según nos dijo Benito, tienen un record Guiness al cuadro más grande pintado por un elefante, y si no recuerdo mal sus medidas eran 2,40 metros de altura por 12 metros de largo. Un cuadro pintado por un elefante viene a valer aproximadamente unos 2000-3000 baths (40-60 euros)


Una vez terminado el show, nos invitaron a Marta y a mí a subir a lomos de un elefante cría...Ver las fotos. Tras todo esto, nos llevaron de paseo en elefante por la selva durante 30 minutos. Nuestro elefante era colosal, enorme, muy bonito. El paseo se inicia en el mismo lugar del espectáculo, atravesamos todo el río de orilla a orilla, suben montaña arriba por un camino de cabras, pedregoso y muy empinado en algunos tramos y con mucho barro. El viaje es una experiencia maravillosa. Eso sí, no os imaginais la que podía llegar a moverse. Terminas con la espalda destrozada por los golpes contra el respaldo, pero benditos golpes...el momento merece la pena.

A lo largo del recorrido, había unos cuantos puestos de los lugareños, que aprovechaban para hacer negocio, en donde te vendían paquetitos de caña de azúcar o de bananas para dárselo a los elefantes por 20-30 baths (0,40-0,60 euros). Para ellos era como un dulce que se lo tragaban de un bocado. Pero claro, no era plan de comprar en cada puesto, ¿no?


Nosotros a mitad camino, dejamos a nuestro querido paquidermo, y nos montamos en un carro tirado por bueyes típico en la zona norte del país. El paseo duró hasta el centro de los elefantes. Allí hicimos una pausa para un café con Benito y hacer unas compras para llevarnos un recuerdo de allí (unos imanes y unos marca páginas hechos de papel fabricado con caca de elefante)







Ahora nos tocaba el descenso del río en balsa de bambú. 4 kilómetros en una balsa que nos evoca a los náufragos listos para avandonar la isla...Cuando veáis la balsa lo entenderéis.


Antes de subir a la balsa, nos pusieron a los dos unos sombreros de esos típicos de bambú para protegernos del sol. Estábamos divinos. Los dos "marineros" que iban con nosotros eran graciosillos, y no paraban de dar golpes al agua con la vara de bambú que les servía para impulsar la balsa y decían cosas como "anaconda, anaconda" o "cocodrilo" para ver si nos asustábamos. Sin lograrlo, claro.
Hubo un tramo con unos rápidos, no muy fuertes, y cuando llegamos a un tramo más tranquilo, en calma, nos dejaron "pilotar la nave" y así aprovechar para sacar una foto para llevarnos un recuerdo.


A lo largo del recorrido, en las orillas, había un montón de árboles del lichi (o como se diga) un árbol frutal tropical originario del sur de China, donde se conoce como 荔枝 (pinyin: lìzhī), el sur de Indonesia y el este de Filipinas, donde se conoce como Alupag. Así, de vez en cuando, acercaban la balsa a la orilla y con la vara de bambú, golpeaban los árboles y caían unos cuantos frutos para comer mientras disfrutábamos del paseo.

Tras llegar al final del viaje en balsa, nos estaba esperando Benito. El siguiente destino era la granja de orquideas, pero antes hicimos una parada en un pueblecito de cuyo nombre no recuerdo en absoluto, por su complejidad más que nada. Allí había un auténtico mercadillo, autóctono, lejos del turismo, tan solo gente del lugar. Era muy curioso, chocante diría yo. En el aire una mezcla de olores increibles, desde el dulce aroma de las frutas, al más repugnante y asqueroso de los olores que nosotros no estamos acostumbrados a respirar, pero para ellos es tan natural como el que más. Olores desagradables procedentes de algún puesto donde vendían vísceras y desperdicios de pollo o búfalo, o el olor impactante que te hacía retroceder o pasar corriendo del pescado secándose al sol. Otros olores te abrían el apetito, como el apetecible aroma del cerdo a la plancha o pollo frito.

Allí se podía ver de todo, absolutamente de todo. Desde la fruta más apetitosa y apetecible, hasta verduras, especias, hongos y setas enormes, juguetes, pescados y mariscos, comida lista para llevar, carne de búfalo, de cerdo, de pollo e incluso INSECTOS...Era asqueroso ver gusanos del tamaño de un meñique, grillos, termitas, escarabajos del arroz (que eran tan grandes como una nécora) y lo más asqueroso eran ver unas ranas abiertas en canal pinchadas en palos y llenas de moscas que la gente se llevaba para freir.


Lo que más nos chocaba era ver a la gente llevarse insectos a casa como el que se lleva caramelos (unos pocos de estos, un puñado de aquellos, un par de estos otros...) Para ellos es algo muy normal. Era algo que a mí en particular no me apetecía probar, pero si que me apetecía mucho mucho ver un auténtico mercado autóctono donde poder ver ese tipo de cosas, y ya veis que lo logré.
En la siguiente entrada, os enseñaré a través de fotos, cositas que se vendían en aquel mercado tan auténtico....