La mañana amaneció lluviosa, pero eso no nos hizo perder las ganas de pasar un buen día.
Con Benito, apodado por otros turistas españoles que le han conocido como "Pocholo" o "Cabra Loca", habíamos quedado en la puerta de la guesthouse a las 7.15 de la mañana, y allí estaba puntual con el chubasquero puesto y otro dos más para nosotros.
Nos esperaba una pedazo
furgoneta Toyota de 11 plazas enterita para nosotros, con aire acondicionado, muy espaciosa, con agua a nuestra disposición y con unas toallitas frías y húmedas con olor a colonia fresca que usaríamos durante el día varias veces y nos servirían para soportar mejor los calores y los sudores.
Tardamos algo más de una hora en llegar al campamento de elefantes, nuestro primer destino.
Una pasada de sitio. Varias excursiones había allí, sobre todo franceses.
El show empezaba con todos los elefantes metidos en el río dándose un chapuzón, mojándose, echando agua por la trompa. 
De ahí íbamos todos a unos bancos para sentarnos y disfrutar del show. Mientras uno hacía sonar una campana con la trompa, otro izaba una bandera de Tailandia, al tiempo que otros dos portaban un cartel en inglés y en thai dándonos la bienvenida al campo de elefantes.
Jugaban al fútbol, no veas cómo meten goles, al baloncesto, vamos ni Pau Gasol. Arrastraban troncos, se liaban una cadena de hierro alrededor del cuello con la ayuda de la trompa. Pero lo más alucinante vino al final. Tres elefantes con la trompa, pintaron un cuadro ca
da uno en vivo y directo. Pero no veas que cuadros, ya quisiera yo hacerlo tan bien como ellos. Es más, según nos dijo Benito, tienen un record Guiness al cuadro más grande pintado por un elefante, y si no recuerdo mal sus medidas eran 2,40 metros de altura por 12 metros de largo. Un cuadro pintado por un elefante viene a valer aproximadamente unos 2000-3000 baths (40-60 euros)
Una vez terminado el show, nos invitaron a Marta y a mí a subir a lomos de un elefante cría...Ver las fotos. Tras todo esto, nos llevaron de paseo en elefante por la selva durante 30 minutos. Nuestro elefante era colosal, enorme, muy bonito. El paseo se inicia en
el
mismo lugar del espectáculo, atravesamos todo el río de orilla a orilla, suben montaña arriba por un camino de cabras, pedregoso y muy empinado en algunos tramos y con mucho barro. El viaje es una experiencia maravillosa. Eso sí, no os imaginais la que podía llegar a moverse. Terminas con la espalda destrozada por los golpes contra el respaldo, pero benditos golpes...el momento merece la pena.
A lo largo del recorrido, había unos cuantos puestos de los lugareños, que aprovechaban para hacer negocio, en donde te vendían paquetitos de caña de azúcar o de bananas para dárselo a los elefantes por 20-30 baths (0,40-0,60 euros). Para ellos era como un dulce que se lo tragaban de un bocado. Pero claro, no era plan de comp
rar en cada puesto, ¿no?
Nosotros a mitad camino, dejamos a nuestro querido paquidermo, y nos montamos en un carro tirado por bueyes típico en la zona norte del país. El paseo duró hasta el centro de los elefantes. Allí hicimos una pausa para un café con
Benito y hacer unas compras para llevarnos un recuerdo de allí (unos imanes y unos marca páginas hechos de papel fabricado con caca de elefante)
Ahora nos tocaba el descenso del río en balsa de bambú. 4 kilómetros en una balsa que nos evoca a los náufragos listos para avandonar la isla...Cuando veáis la balsa lo entenderéis.
Antes de subir a la balsa, nos pusieron a los dos unos sombreros de esos típicos de bambú para protegernos del sol. Estábamos divinos. Los dos "marineros" que iban con nosotros eran graciosillos, y no paraban de dar golpes al agua con la vara de bambú que les servía para impulsar la balsa y decían cosas como "anaconda, anaconda" o "cocodrilo" para ver si nos asustábamos. Sin lograrlo, claro.
A lo largo del recorrido, en las orillas, había un montón de árboles del lichi (o como se diga) un árbol frutal tropical originario del sur de China, donde se conoce como 荔枝 (pinyin: lìzhī), el sur de Indonesia y el este de Filipinas, donde se conoce como Alupag. Así, de vez en cuando, acercaban la balsa a la orilla y con la vara de bambú, golpeaban los árboles y caían unos cuantos frutos para comer mientras disfrutábamos del paseo.
Tras llegar al final del viaje en balsa, nos estaba esperando Benito. El siguiente destino era la granja de orquideas, pero antes hicimos una parada en un pueblecito de cuyo nombre no recuerdo en absoluto, por su complejidad más que nada. Allí había un auténtico mercadillo, autóctono, lejos del turismo, tan solo gente del lugar. Era muy curioso, chocante diría yo. En el aire una mezcla de olores increibles, desde el dulce aroma de las frutas, al más repugnante y asqueroso de los olores que nosotros no estamos acostumbrados a respirar, pero para ellos es tan natural como el que más. Olores desagradables procedentes de algún puesto donde vendían vísceras y desperdicios de pollo o búfalo, o el olor impactante que te hacía retroceder o pasar corriendo del pescado secándose al sol. Otros olores te abrían el apetito, como el apetecible aroma del cerdo a la plancha o pollo frito.
Allí se podía ver de todo, absolutamente de todo. Desde la fruta más apetitosa y apetecible, hasta verduras, especias, hongos y setas enormes, juguetes, pescados y mariscos, comida lista para llevar, carne de búfalo, de cerdo, de pollo e incluso INSECTOS...Era asqueroso ver gusanos del tamaño de un meñique, grillos, termitas, escarabajos del arroz (que eran tan grandes como una nécora) y lo más asqueroso eran ver unas ranas abiertas en canal pinchadas en palos y llenas de moscas que la gente se llevaba para freir.
Lo que más nos chocaba era ver a la gente llevarse insectos a casa como el que se lleva caramelos (unos pocos de estos, un puñado de aquellos, un par de estos otros...) Para ellos es algo muy normal. Era algo que a mí en particular no me apetecía probar, pero si que me apetecía mucho mucho ver un auténtico mercado autóctono donde poder ver ese tipo de cosas, y ya veis que lo logré.
En la siguiente entrada, os enseñaré a través de fotos, cositas que se vendían en aquel mercado tan auténtico....
No hay comentarios:
Publicar un comentario