domingo, 6 de julio de 2008

1 de mayo 2008 (día 5º) Chiang Mai: 2ª parte

Tras el mercado, llegamos a la granja de orquideas. Según Benito, el guia, existen en todo el mundo unas 25000 clases distintas, aproximadamente. En Tailandia hay unas 1000 clases distintas de orquideas y en concreto en la granja donde estábamos había unas 100 diferentes.

Son hierbas terrestres o epífitas, ocasionalmente trepadoras, algunas veces saprófitas (es decir, plantas y microorganismos que se alimentan de materias orgánicas en descomposición) y ocasionalmente micoparásitas. Perennes (raramente anuales), se dice que las orquídeas pueden llegar a ser eternas, en la naturaleza, su vida está ligada a la vida del árbol que las alberga; se conocen plantas recolectadas a mediados del siglo pasado que todavía están creciendo y floreciendo saludables en muchas colecciones. No crecen más de 50 cm. Digo que su vida va ligada a la vida del árbol, porque se abraza a él, sin que se convierta en parásito, sino todo lo contrario, compartiendo la vida en conjunto, respetándose el uno al otro. Como dato, una orquidea tarda entre 2-3 años en dar la primera flor.


Allí había orquideas de todos los tamaños. Incluso unas que eran diminutas, muy enanas que no las habíamos visto nunca y que crecían en una especie de racimo todaas juntas. Las había rojas, naranjas, blancas, moradas, en fin, todas muy bonitas.


A la hora de comer, lo hicimos allí mismo, en la granja de orquideas, en un restaurante que había. La comida estaba incluida en el precio del tour, y como tal estaba encargada ya. Este fue el menú:
  • Dos trozos de tortilla de patata (increible, pero cierto. Ir a Tailandia a comer tortilla de patata...)

  • Un plato de patatas fritas


  • Otro plato de patatas tailandesas que eran un poco dulces, pero estaban muy ricas.
  • Arroz, como no. Muy bueno.

  • Costilla frita.


  • Muslos de pollo fritos crujientes.


Todo muy rico. Sin olvidarnos del agua y por supuesto de la cerveza tailandesa, que a estas alturas del viaje ya nos llevábamos muy bien.


Tras la comida, nos fuimos a ver a las tribus del norte de Chiang Mai. Cuando llegamos hacía un calor bárbaro. Estábamos en una especie de valle rodeado de montes y el calor allí se acentuaba. Lo que vimos al llegar allí fue un grupo de cabañas de madera de teca (La madera de teca, procede de la especie Tectona Grandis, que crece en Birmania, Tailandia, India, Indochina y Java, procede de un arbol que puede alcanzar una altura de hasta 40 m. y 1.5 m. de diámetro. Es muy apreciada debido a que es fácil de trabajar, secar, preservar y por su durabilidad.
Muy aconsejable para los muebles de exterior ya que es resistente a las termitas, los hongos y los insectos, además de ser casi insensible a la humedad. La teca no requiere pintura ni barniz debido a que posee un aceite natural que la hace impermeable, evitando que se deforme, agriete, o se torne quebradiza.)
Junto a la mayoría de las cabañas, había un puesto con cosillas para vender al turista que iba a verlo. La mayoría de las cosas que allí se vendían eran hechas por las tribus para sacar un dinero para ellos.


En todo el recinto había, si no recuerdo mal, 4 tribus diferentes, incluyendo a las mujeres jirafas. En cuanto a las mujeres jirafa, proceden de Birmania (la actual Myanmar) y llegaron a Tailandia como refugiadas, porque en su país una autentica dictadura, no dio ninguna ayuda a esta tribu cuando las mujeres fueron violadas y destrozadas vivas por militares o civiles. He de decir, y eso lo vi, que las mujeres jirafa son de una belleza espectacular, preciosas, y que los aros que llevan al cuello pesan una barbaridad, lo pude comprobar.Desde los cinco añitos, a las mujeres se les empieza colocando los aros y este proceso dura toda la vida. Los hombres de la tribu no llevan los aros, sólo las mujeres. Estos aros que se colocan en el cuello y que según pasan los años se hacen más grandes y por consiguiente más pesados, no consiguen alargar el cuello (eso es el efecto visual que produce) Lo que realmente hace es, en realidad, conseguir que con el peso de los aros los hombros se bajen, ceden por el peso, consiguiendo así ese efecto que hace que el cuello ha crecido. Allí están aprendiendo el idioma tailandés (no olvidemos que vienen de Myanmar). Es más, tienen su propia escuela, y yo no pude evitar entrar en ella y sacar la foto de turno, que momentazo...


Todas las tribus que allí viven son autosuficientes en cuanto a comida se refiere. Tienen plantaciones de arroz, pequeñas charcas donde pescar peces, cerdos, cultivos de verduras, frutales, agua, en definitiva, lo justo y necesario para subsistir. Si a esto sumamos lo que dejan allí los turistas al comprar las artesanías, junto con las subvenciones que el gobierno de Tailandia les ofrece, está claro que son capaces de mantenerse.


En todas las tribus, el hombre era el que salía fuera a trabajar, las mujeres se quedaban en casa. En el caso concreto de las mujeres jirafa, siempre han dicho y mantienen que si alguna vez desaparece la dictadura en su país de origen (Myanmar) y es gobernado por alguien que les preste ayuda y proteja, dejarían Tailandia para regresar a su tierra de origen. Pero según mi opinión, eso es algo difícil de que suceda.

De allí nos fuimos de vuelta a Chiang Mai. En principio la excursión terminaba con la visita de las tribus, pero el bueno de Benito (el guia) nos acercó hasta el centro comercial más grande de la zona (realmente impresionante) lleno de tiendas originales, nada de imitaciones. Dimos una vuelta por el centro comercial porque no teníamos muchos baths para gastar y además los euros que teníamos estaban en el hotel. Desde allí cogimos nuestro primer tuk-tuk por 60 baths (algo más de 1 euro). Fue una experiencia interesante, el aire caliente era irrespireble, mezclado con los gases de los coches directamente en la cara. Nos gustó el viajecito. Es una forma muy curiosa y económica de moverse por la ciudad, aunque creo que en Bangkok es aún más "interesante", lo probaremos. Nos dimos una merecida ducha en la guesthouse y fuimos a mandar correos por internet a la familia para dar señales de vida. Tras esto, una visita al mercado nocturno una vez más, un masajillo en los pies (arggggggg!!!!) y a cenar cerca del hotel en un restaurante italiano, que ya se echaba de menos la comida conocida para el paladar. Al empezar a cenar, vimos justo enfrente del restaurante un spa con uno precios más que razonables. Así que nos animamos y después de cenar unas riquísimas pizzas hechas al horno de piedra al momento, fuimos a recibir otro masaje que para eso estamos de Luna de Miel, ¿no?. Esta vez iba a ser uno de esos completitos con aceites...

Entramos en el spa, nos mandan sentarnos y aparece una chica con un barreño con agua y trocitos de lima dentro. Al rato sale un chico con lo mismo. Nos lavan los pies con ese agua fresquita, frotándonos con loas rodajas de lima por el pie. Tras eso, nos mandan pasar a una habitación donde nos dan unas braguitas de esas de usar y tirar a cada uno, nos mandan desnudarnos por completo y ponernos las braguitas que nos han dado. Nos miramos y empezamos a reir...¡que vergüenza! Mira que si no hemos metido en un spa de esos donde el tipo de masaje que te dan es un tanto diferente, digamos más "completito"??

Total, de perdidos al río, que narices. Aquí no nos conoce nadie, no? Pues adelante. Nos ponemos las braguitas y al cabo entra el chico con una bandeja donde tiene 5 tipos de aceites distintos con 5 aromas diferentes para elegir aquel con el que nos iban a masajear. Una vez elegido el aroma del aceite, entra el chico y la chica. No he dicho que en la habitación había dos camas separadas por un cortina. Nos tumbamos en las camas, cierran la cortina, la chica va con Marta y conmigo se queda el chico. Empieza el show. Voy a tratar de resumir la experiencia, y Marta y yo estamos de acuerdo en la descripción del momento

....como diría Homer Simpson "¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrgggggggggggggg!!!!

¡QUÉ MARAVILLA! ¡QUÉ PLACER! ¡QUÉ GOZADA!

Salimos de allí idiotizados. Fue una hora de super masaje con aceite. ¡Qué pena haber decubierto el sitio el último día en chiang Mai!

Al salir de la habitación, nos sentamos en el hall de la entrada del spa, nos dieron un vaso de agua fresca que nos supo a gloria y a pagar. Fueron 500 baths por los dos (unos 10 euros) Les dejamos 100 baths de propina y la que se lio en un momento. De repente, todos los empleados se pusieron alrededor nuestro de rodillas con reverencias, agradeciendonos la propina. Menuda vergüenza. Marta se puso roja como un tomate.

Tras la experiencia divina, tántrico diría yo, a dormir que a las 6.30 de la mañana habíamos quedado con eltaxista para que nos lleve al aerpuerto.

Fue la peor noche de todas...a eso de las 2.30 de la mañana, unos güiris que llegaron de juerga, se dedicaron a montar un jaleo de no te menees justo en el balcón junto a nuestra habitación....

Aquí termina nuestra estancia en Chiang Mai. Que pena...El viaje continuará esta vez rumbo al sur.

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