6.00 de la mañana
¡¡Tararí...tararí!! Suena el despertador
Corre que te corre, terminar las maletas y volando hacia el taxi que nos esperaba. Como ayer tarde pagamos el alojamiento, hoy sólo era dejar las llaves al guarda de noche y punto. Lo malo es que estabo más dormido que una marmota. Estaba frito en su diván. Total que el tio no se despertaba ni en bromas, nos costó un poco que abriera los ojos, y cuando lo hizo era tal la cara de zombi que tenía que yo creo que no se enteró muy bien de lo que pasaba allí. Al final dejamos las llaves y puerta.
Allí estaba esperandonos el taxista. Dio su palabra y cumplió. He de reconocer que yo tenía mis dudas de que se presentara allí a esas horas, pero parece ser que en Tailandia son de palabra.
En fin, llegamos al aeropuerto de Chiang Mai y allí desayunamos un cafecito con unas galletas que nosotros llevábamos. Desde Chiang Mai en avión hasta Bangkok, y allí en el aeropuerto de Bangkok nos toca esperar 7 horas, largas e interminables, para poder tomar el avión con rumbo a Krabi. Una larga espera...
En Krabi nos esperaba un hombre con un cartel muy mono con el nombre de "Marta Montes", ya que la reserva estaba a su nombre. Nos subimos a un pedazo de coche marca Nissan, que no existe en España, y nos fuimos rumbo a Ao Nang, donde nos esperaba el hotel, el Tropical Herbal Spa & Resort.
Al llegar, una señora con vestimenta musulmana nos recibió con un par de toallitas húmedas y con aroma, dos zumos de frutas muy rico (tipo cóctel de bienvenida) y nos comentó que por estar de Luna de Miel, nos esperaba
una sorpresita en la habitación: una cesta con fruta y un baño con flores en la pedazo de bañera de la habitación (muereté de envidia contemplando la foto)

¡¡Tararí...tararí!! Suena el despertador
Corre que te corre, terminar las maletas y volando hacia el taxi que nos esperaba. Como ayer tarde pagamos el alojamiento, hoy sólo era dejar las llaves al guarda de noche y punto. Lo malo es que estabo más dormido que una marmota. Estaba frito en su diván. Total que el tio no se despertaba ni en bromas, nos costó un poco que abriera los ojos, y cuando lo hizo era tal la cara de zombi que tenía que yo creo que no se enteró muy bien de lo que pasaba allí. Al final dejamos las llaves y puerta.
Allí estaba esperandonos el taxista. Dio su palabra y cumplió. He de reconocer que yo tenía mis dudas de que se presentara allí a esas horas, pero parece ser que en Tailandia son de palabra.
En fin, llegamos al aeropuerto de Chiang Mai y allí desayunamos un cafecito con unas galletas que nosotros llevábamos. Desde Chiang Mai en avión hasta Bangkok, y allí en el aeropuerto de Bangkok nos toca esperar 7 horas, largas e interminables, para poder tomar el avión con rumbo a Krabi. Una larga espera...
En Krabi nos esperaba un hombre con un cartel muy mono con el nombre de "Marta Montes", ya que la reserva estaba a su nombre. Nos subimos a un pedazo de coche marca Nissan, que no existe en España, y nos fuimos rumbo a Ao Nang, donde nos esperaba el hotel, el Tropical Herbal Spa & Resort.
Al llegar, una señora con vestimenta musulmana nos recibió con un par de toallitas húmedas y con aroma, dos zumos de frutas muy rico (tipo cóctel de bienvenida) y nos comentó que por estar de Luna de Miel, nos esperaba
La habitación una pasada. Con TV y todo, jeje. Hasta ahora sin TV, pero para la programación que había ahora, no hubiera pasado nada si no la tenemos. Nuestra habitación era una Gran Villa, para entendernos, una pedazo cabaña de teca, con un porche maravilloso donde podíamos sentarnos y tumbarnos en un diván, con una pedazo de cama tamaño XXL con mosquitera y todo, con un baño abierto, sin techo, dando una toque exótico al lugar, rodeados de vegetación, vamos una pasada. Echad un v
istazo a las fotos del sitio...
En fin, después de darnos ese pedazo de baño en esa pedazo de bañera tamaño piscina olímpica, bajamos al centro a cenar algo. Cenamos unas pizzas y algo de comida thai, dimos un paseo por las calles y a la cama.
Al estar en plena selva practicamente, al llegar la noche se encienden todos los ruidos de un montón de bichejos, grillos, cigarras...y un montón más que no acertábamos a identificar. Bueno, uno de esos ruidos fuimos capaces de identificar: era la obra de un hotel que estaban haciendo justo pegado al nuestro, y que aquí, y eso lo descubrimos días después, trabajan en la construcción de 7 de la mañana a 10 de la noche, tanto hombres como mujeres.
Pero a pesar de todo, fue caer en la cama, cerrar los ojitos y mecerse en brazos de Morfeo...Dulces sueños
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